Desmalezando el Sendero

ENSAYOS de MARTÍN JUNCRILL

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Nombre: MARTIN JUNCRILL
Ubicación: Ciudad de Buenos Aires, Argentina

21/3/10

PALABRAS POR MALVINAS (2 de Abril de 2010)
Este aniversario, en el cual se cumplen 28 años desde el desembarco de tropas en nuestras Islas Malvinas, no debe ser considerado un aniversario más. En los últimos tiempos hemos asistido al inicio de la explotación petrolífera en la zona usurpada por Inglaterra, lo cual no es un dato menor. Si la ocupación de estas Islas, que le pertenecen naturalmente a nuestro país y cuyo derecho sobre éstas es inobjetable, es un acto ilegítimo y carente de toda explicación por parte de las Autoridades del Reino Unido, la explotación de recursos naturales no renovables, constituye un verdadero acto delictivo de aún mayor gravedad.
Este pueblo ha resistido la intromisión de la corona británica a lo largo de más de 200 años de historia, y lo seguirá haciendo del modo que corresponda. Así como aquella Buenos Aires de los años previos a 1810, resistió al invasor con aceite en cada una de sus calles, la resistencia se verá expresada en una multitud de formas. ¿Sería Diego Armando Maradona, el máximo ídolo de la historia del deporte argentino, si en aquél día de 1986, no se hubiera atrevido a alzar su mano, y colocar en ridículo al enemigo histórico de nuestro país?
No obstante, se torna imprescindible abandonar la historia de lo posible y ser conscientes de nuestro presente. Este aniversario debe sernos útil para repensar en todo lo ocurrido desde el año 1982, y observar detenidamente cómo se desarrollan los hechos a nuestro alrededor.
Existen dos cuestiones que no podemos dejar de lado.
La primera fue la provocada por la protesta ordenada por la Sra. Presidenta de la Nación respecto de la explotación de los recursos naturales. En ese momento, hubo quienes desde los lugares de privilegio que ocupan dentro de los medios de comunicación, no abandonaron su postura de crítica despiadada hacia el gobierno actual, llegando al punto de opacar la legítima y enérgica respuesta del país frente al robo. Esos comunicadores, embarcados en sus intereses personales, y olvidados de quién es el invasor, acusaron de irresponsable y floja la defensa ejercida. Sin embargo, fueron los mismos, que a la hora de reseñar el apoyo internacional unánime de los 33 países de la región, recibido por nuestro país en el marco de la CUMBRE DE LA UNIDAD DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE, quienes dieron vuelta la página.
Sirva esta actitud de muestra para saber quienes recuerdan y defienden los derechos de este país a la hora de comunicar, y quienes sólo reiteran el contenido de las instrucciones recibidas.
La siguiente cuestión, nos atañe a todos en mayor medida. En este día, debemos realizar el esfuerzo intelectual que nos permita hacer una separación, entre aquél jerarca militar alcohólico y asesino, que junto a su séquito demente y cobarde, no dudó en privilegiar sus ansías de poder, quien en cumplimiento de las instrucciones recibidas de sus pares inició una guerra, en la cuál sacrificó o dejó estigmatizados de por vida, a miles de jóvenes, y separarlo de la voluntad y el dolor de estos jóvenes.
Esta es la separación intelectual que nos corresponde a todos. Dejemos de lado al dictador asesino, y brindemos un homenaje a aquellos hombres que dieron todo por resistir al invasor inglés.
Para finalizar, y seguros en la decisión de mantener la resistencia y la memoria, por todos los medios que la paz nos otorgue, tenemos que recordar que en los primeros intentos fallidos de Inglaterra por avasallarnos, existió la contención de la lucha de un pueblo que no les permitió completar sus fines, pero a la vez se dio la más vil de las complicidades. El 28 de Junio de 1806, en plena ocupación inglesa asumió como Gobernador de Buenos Aires, William Carr Beresford, quien sólo se sostuvo 46 días en el poder, pero que contó con una amplia aceptación de la clase alta porteña, traducida en 48 civiles que juraron fidelidad a la Corona Británica. Entre ellos, se encontraba el pariente de un tristemente célebre ministro de economía de un gobierno ilegítimo. Su nombre era José Martinez de Hoz, y aceptó el cargo de Administrador de Aduanas.
No olvidemos, rindamos el homenaje merecido a nuestros ex combatientes, y continuemos la resistencia cada día.

11/2/10

La letra de los legisladores es categórica aun cuando pretende echar por tierra las dudas inexistentes. Estos hombres laboriosos han buscado teñir con un halo de claridad, un asunto que no requería ningún tipo de iluminación. Allá por el año 1968, un conjunto de juristas se propuso llevar adelante la mayor reforma del Código Civil. Esta obra no halló parangón desde los antiguos y apresurados tiempos de Dalmacio Vélez Sarsfield. A pesar de la grandiosidad del proyecto, se torna necesario que descubramos uno de los tantos fallidos que nutrieron al renovado texto. En el libro tercero –dedicado a los derechos reales- descansan los artículos número 2513 y 2514. En estos, la ley hace referencia al carácter absoluto del derecho real de dominio. En el primero de ellos se lee: “Es inherente a la propiedad el derecho de poseer la cosa, disponer o servirse de ella, usarla y gozarla conforme a un ejercicio regular”. El texto proveniente de la mano de Vélez coincide con el reformado hasta el vocablo: gozarla. Allí, en sus orígenes, el artículo fijaba que el uso podría ser acorde a la voluntad del propietario. No obstante, se decidió por ir aun más lejos y determinó las facultades de desnaturalizar, degradar o destruir la cosa. Finalmente, el artículo 2513 derogado por la ley 17711, otorga los derechos de accesión, de reivindicación, de constituir sobre ella derechos reales, de percibir todos sus frutos, prohibir que otro se sirva de la cosa o perciba sus frutos; y disponer de ella por actos entre vivos.
Es claro que la voluntad de los reformadores fue minar el carácter absoluto de estos derechos, sembrando esta pauta desde el reemplazo de la voluntad del propietario, por el ejercicio regular de los derechos.

Sin embargo, en el artículo siguiente el texto del código dice:
“El ejercicio de estas facultades no puede ser restringido, en tanto no fuere abusivo, aunque privare a terceros de ventajas o comodidades.”

Este es el preciso instante en que advertimos la intromisión kafkiana y continuando con la lógica expresada por los reformadores se puede deducir lo siguiente:
El propietario de una cosa puede desnaturalizarla, degradarla o destruirla, aunque privare a un tercero de ventajas o comodidades, en tanto no sea un ejercicio abusivo o ataque el derecho de propiedad de otro.

Esto significa que la conducta que se busca limitar en el artículo 2513 es tolerada y avalada en el siguiente 2514. La edición del Código Civil de A-Z Editora S.A. del año 1995 guarda una distancia exacta de quince centímetros y medio entre la última palabra del 2513 y la primera del 2514. Nada es más viejo que el diario de hoy y seguirá siéndolo de ese modo, pues la realidad sólo necesita de unos pocos centímetros para desmentirse.
Finalmente resta plantear dos cuestiones: un desafío y un homenaje.
El desafío será hallar la diferencia entre el espíritu del 2514 reformado y el original.
El homenaje será para el humilde codificador.

En la década del 50 Georg Lukács, acérrimo teórico del régimen soviético, desvelaba sus madrugadas ensayando los distintos modos de criticar los escritos de Franz Kafka. Desde su punto de vista, Kafka –al igual que el resto de los vanguardistas de su tiempo- pretendía ser realista, aunque culminaba en la vereda opuesta. A pesar de sus convicciones marxistas, Lukács reconocía en Honore de Balzac y sus novelas –referidas a la vida cotidiana de la burguesía francesa del siglo diecinueve -como uno de los máximos exponentes del realismo.
Sin embargo, la historia nos enseña que nada será más realista que el delirio kafkiano. En ese limbo los hombres deambulan desconsolados por los reinos del ridículo. Esperarán eternamente la apertura de una puerta que se cerrará tras su muerte o perderán sus efímeras vidas en un proceso judicial que no tendrá culminación.
Nuestro país no escapa a este destino. La obra del Palacio de Justicia actual, suspendida y reanudada en varias ocasiones, determinó una edificación con puertas y escaleras que no conducen a ningún sitio. Del mismo modo, una reforma que deroga artículos finaliza expresando lo mismo nuevamente. En la más absoluta soledad, un hombre cargó con la responsabilidad de otorgar un derecho codificado a la joven Nación, la cual en manos de la oligarquía vencedora de Rosas se desmembraba a cada minuto. En consecuencia, una ley sanciona la vigencia de códigos a libro cerrado sin lectura previa.
Aun Así, el arte –y no el derecho- está en deuda con ese hombre que todo lo pudo en su orgullosa soledad. En un futuro habrá quien escriba y publique “La novela de Vélez: gran codificador y padre de la amante de un presidente.”

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14/8/06

La perversidad del medio
(Ensayo breve)

Walter Benjamín –“discípulo” de Theodor Adorno- es el autor de un ensayo titulado La obra de arte en la época de la reproductividad técnica*, en el cual se desarrolla el cambio sufrido por el arte a partir de la reproducción técnica. La metamorfosis emprendida –según Benjamín- dio como resultado un arte nuevo, que trajo aparejado la pérdida de la percepción del aura. Este concepto significa el aquí y el ahora de una obra, la existencia irrepetible en el lugar en que se encuentra. La presencia de un cuadro, por ejemplo, se podía apreciar durante largos siglos únicamente en el lienzo en el que fue pintado. Luego de la irrupción de la técnica, el mismo cuadro podrá ser observado por millones de personas, desde las ilustraciones de los libros de arte hasta la tapa de latas de galletas. Este fenómeno dio su primer paso gracias a la imprenta y continuaba caminando en los tiempos de Benjamín con el auge de la fotografía primero, y más tarde, con el cine. Estos modos artísticos se encuentran estrechamente relacionados con la aparición de los movimientos de masas. Estas acceden a nuevas formas de arte que no otorgan la posibilidad de presenciar el aura. El cine y la fotografía no presentan una diferenciación bien marcada entre el original y la copia, incluso todas las producciones guardan el mismo valor. Frente a esta ausencia del aura, las masas de espectadores buscan un nuevo aura, en la persona de los artistas y en aquello que se denomina El culto a la estrella.
Junto al apogeo del nazismo, los años cuarenta trajeron el suicidio de Benjamín en su intento de cruzar una frontera bloqueada. El curso de la historia continuó su camino hasta el día de hoy, con el predominio de la televisión en esta aldea globalizada. La necesidad de retener el aura o ser parte de ella se ha incrementado en las masas, mientras que el medio televisivo conoce perfectamente estas ansias.
La perversidad del medio es manifiesta. La televisión es un sistema cerrado que no permite el acceso a los extraños, aunque simule hacerlo. En este último tiempo se ha dado un raro fenómeno a nivel mundial, el cual consiste en el ingreso de desconocidos por la “puerta grande” de la televisión con escasas condiciones para llegar a ella. El medio ofrece la posibilidad de la entrada y por consiguiente, la adquisición de aquello que ese ingreso otorga. La forma en que se expresa esta corriente es mediante la creación de programas, cuya atracción principal se produce cuando un desconocido (uno de los millones de personas-televidentes) se convierte en un comunicador o un actor o un artista en unas pocas entregas de la emisión. El argumento que sostiene estos programas puede ser absurdo o banal, pero encierra una característica aún peor: la de ser falaz. La gran falacia busca promover la ilusión del acceso a la fama, al reconocimiento, a los círculos más privilegiados y por supuesto, a las abultadas sumas de dinero. No obstante, se oculta que en la mayoría de los casos, la lista de los seleccionados no es más que el resultado de una elección a dedo según las influencias de uno u otro conocido. Los “ganadores“ conocen su suerte de antemano, gracias a las amistades y los vínculos que los relacionan con los organizadores. La falacia desarrolla la idea de poder acceder a algo velado para muchos, aunque esto no vaya a ocurrir. Los televidentes que sostienen estas realizaciones son en su mayoría seres esperanzados en verse a sí mismos en ese sitio, pero la perversidad del medio parece no tener límites. Aún puede más. También existen los casos en que los elegidos son realmente personas signadas por la alienación, las cuales -tal cual lo reza uno de los programas de esta temporada- son convertidos en Famosos por un día, para luego ser entregados al olvido. Aquellos que ven sus vidas favorecidas se degradan a productos del medio, a bienes que permiten un solo uso. En estas entregas, los desconocidos masivos se vuelven el centro de la atención de todos, incluso de los miembros ilustres de la televisión. Estos, con sus rostros plásticos, les brindan elogios fingidos. Tras la venta del producto, se desvanecen las expectativas de la persona con una velocidad similar a la de la pérdida del recuerdo por parte del teleespectador. La fama no llega. El reconocimiento es sólo una fantasía impensable, mientras que la función fue cumplida con rigurosidad. El mensaje enviado renueva la ilusión.
Desde cualquiera de ambas perspectivas, la perversidad no tiene límites. La sociedad en que vivimos, maltratada por gobiernos corruptos y dictaduras sanguinarias, fue olvidando que el reconocimiento popular surge de la construcción de una identidad propia. Esta se nutre de la intervención del esfuerzo personal y la dedicación, y no del favor de quienes nos dominan.
* La obra de arte en la época de la reproductividad técnica. “Discursos Interrumpidos I”, Taurus, Madrid, 1973. Walter Benjamín.(1892-1940). Nacido en la ciudad de Berlín, integró la escuela de Frankfurt. Su formación marxista le acarreo persecuciones. Se suicidó en Port Bou (España), mientras esperaba la apertura de la frontera. Esto ocurrió tan sólo tres horas más tarde. (N. del A.).
Publicado por primera vez en la edición papel en Septiembre de 2003.

Walter Benjamín –“discípulo” de Theodor Adorno- es el autor de un ensayo titulado La obra de arte en la época de la reproductividad técnica*, en el cual se desarrolla el cambio sufrido por el arte a partir de la reproducción técnica. La metamorfosis emprendida –según Benjamín- dio como resultado un arte nuevo, que trajo aparejado la pérdida de la percepción del aura. Este concepto significa el aquí y el ahora de una obra, la existencia irrepetible en el lugar en que se encuentra. La presencia de un cuadro, por ejemplo, se podía apreciar durante largos siglos únicamente en el lienzo en el que fue pintado. Luego de la irrupción de la técnica, el mismo cuadro podrá ser observado por millones de personas, desde las ilustraciones de los libros de arte hasta la tapa de latas de galletas. Este fenómeno dio su primer paso gracias a la imprenta y continuaba caminando en los tiempos de Benjamín con el auge de la fotografía primero, y más tarde, con el cine. Estos modos artísticos se encuentran estrechamente relacionados con la aparición de los movimientos de masas. Estas acceden a nuevas formas de arte que no otorgan la posibilidad de presenciar el aura. El cine y la fotografía no presentan una diferenciación bien marcada entre el original y la copia, incluso todas las producciones guardan el mismo valor. Frente a esta ausencia del aura, las masas de espectadores buscan un nuevo aura, en la persona de los artistas y en aquello que se denomina El culto a la estrella.
Junto al apogeo del nazismo, los años cuarenta trajeron el suicidio de Benjamín en su intento de cruzar una frontera bloqueada. El curso de la historia continuó su camino hasta el día de hoy, con el predominio de la televisión en esta aldea globalizada. La necesidad de retener el aura o ser parte de ella se ha incrementado en las masas, mientras que el medio televisivo conoce perfectamente estas ansias.
La perversidad del medio es manifiesta. La televisión es un sistema cerrado que no permite el acceso a los extraños, aunque simule hacerlo. En este último tiempo se ha dado un raro fenómeno a nivel mundial, el cual consiste en el ingreso de desconocidos por la “puerta grande” de la televisión con escasas condiciones para llegar a ella. El medio ofrece la posibilidad de la entrada y por consiguiente, la adquisición de aquello que ese ingreso otorga. La forma en que se expresa esta corriente es mediante la creación de programas, cuya atracción principal se produce cuando un desconocido (uno de los millones de personas-televidentes) se convierte en un comunicador o un actor o un artista en unas pocas entregas de la emisión. El argumento que sostiene estos programas puede ser absurdo o banal, pero encierra una característica aún peor: la de ser falaz. La gran falacia busca promover la ilusión del acceso a la fama, al reconocimiento, a los círculos más privilegiados y por supuesto, a las abultadas sumas de dinero. No obstante, se oculta que en la mayoría de los casos, la lista de los seleccionados no es más que el resultado de una elección a dedo según las influencias de uno u otro conocido. Los “ganadores“ conocen su suerte de antemano, gracias a las amistades y los vínculos que los relacionan con los organizadores. La falacia desarrolla la idea de poder acceder a algo velado para muchos, aunque esto no vaya a ocurrir. Los televidentes que sostienen estas realizaciones son en su mayoría seres esperanzados en verse a sí mismos en ese sitio, pero la perversidad del medio parece no tener límites. Aún puede más. También existen los casos en que los elegidos son realmente personas signadas por la alienación, las cuales -tal cual lo reza uno de los programas de esta temporada- son convertidos en Famosos por un día, para luego ser entregados al olvido. Aquellos que ven sus vidas favorecidas se degradan a productos del medio, a bienes que permiten un solo uso. En estas entregas, los desconocidos masivos se vuelven el centro de la atención de todos, incluso de los miembros ilustres de la televisión. Estos, con sus rostros plásticos, les brindan elogios fingidos. Tras la venta del producto, se desvanecen las expectativas de la persona con una velocidad similar a la de la pérdida del recuerdo por parte del teleespectador. La fama no llega. El reconocimiento es sólo una fantasía impensable, mientras que la función fue cumplida con rigurosidad. El mensaje enviado renueva la ilusión.
Desde cualquiera de ambas perspectivas, la perversidad no tiene límites. La sociedad en que vivimos, maltratada por gobiernos corruptos y dictaduras sanguinarias, fue olvidando que el reconocimiento popular surge de la construcción de una identidad propia. Esta se nutre de la intervención del esfuerzo personal y la dedicación, y no del favor de quienes nos dominan.
* La obra de arte en la época de la reproductividad técnica. “Discursos Interrumpidos I”, Taurus, Madrid, 1973. Walter Benjamín.(1892-1940). Nacido en la ciudad de Berlín, integró la escuela de Frankfurt. Su formación marxista le acarreo persecuciones. Se suicidó en Port Bou (España), mientras esperaba la apertura de la frontera. Esto ocurrió tan sólo tres horas más tarde. (N. del A.).